Inundaciones, sequías y crisis económica: así es vivir en el país más golpeado por el cambio climático

Calor extremo, muertes, desplazamientos y colapso productivo marcan el día a día en Sudán del Sur, una de las naciones más vulnerables del planeta frente a la crisis climática.

El cambio climático no impacta de la misma manera en todos los países. Mientras algunas regiones logran amortiguar sus efectos, otras enfrentan consecuencias devastadoras que ponen en riesgo la vida cotidiana de millones de personas. Ese es el caso de Sudán del Sur, considerado hoy el país más afectado por la crisis ambiental.

Ubicado en el este de África, este joven Estado sufre una combinación letal de inundaciones extremas, sequías prolongadas, calor récord y una profunda crisis económica, agravada por conflictos armados internos y regionales.

Un continente cada vez más caliente

África es uno de los continentes más castigados por el calentamiento global. Según un informe de Naciones Unidas publicado en 2025, la temperatura superficial promedio del continente en 2024 fue 0,86 °C superior al promedio del período 1991-2020.

El norte de África registró el mayor aumento: 1,28 °C por encima de la media histórica, convirtiéndose en la subregión con el calentamiento más acelerado. Sin embargo, los efectos más extremos se concentran en países con escasa infraestructura y alta vulnerabilidad social, como Sudán del Sur.

Inundaciones masivas en un país frágil

En octubre de 2024, las inundaciones afectaron a más de 300.000 personas, una cifra alarmante para un país de apenas 13 millones de habitantes. Las lluvias intensas anegaron aldeas enteras, destruyeron caminos, viviendas y campos, y dejaron a miles de familias aisladas.

El impacto no fue solo material. El agua estancada provocó brotes de enfermedades, mientras que la pérdida de entre 30 y 34 millones de animales de granja -casi dos por habitante- destruyó la base de subsistencia de comunidades enteras que dependían del ganado para sobrevivir.

Crisis económica y conflictos que agravan el desastre

A la emergencia climática se suma una crisis económica asfixiante. Sudán del Sur depende del petróleo para el 90% de sus ingresos, y los conflictos armados en países vecinos, especialmente en Sudán, afectaron gravemente las exportaciones y el funcionamiento de la economía.

Los desplazamientos masivos de personas que huyen de la guerra, sumados a la violencia interna y la inestabilidad política, profundizan la fragilidad del Estado y limitan la capacidad de respuesta ante desastres ambientales cada vez más frecuentes.

Un ciclo sin salida: inundaciones y sequías

Cuando no hay inundaciones, llegan las sequías. Así lo explicó Meshack Malo, representante de la FAO en Sudán del Sur, al describir un ciclo climático que no da respiro.

«El cambio constante entre desbordes y sequías hace que el país esté afectado durante gran parte del año», señaló. Las lluvias son cada vez más intensas y frecuentes, lo que satura el suelo y provoca que incluso precipitaciones breves desencadenen nuevas catástrofes.

Calor extremo, escuelas cerradas y hambre

Las olas de calor se convirtieron en otra amenaza crítica. En marzo de 2024, las autoridades se vieron obligadas a cerrar escuelas cuando las temperaturas alcanzaron los 45 °C, poniendo en riesgo la salud de niños y docentes.

Según UNICEF, en 2024 al menos 242 millones de estudiantes en el mundo perdieron días de clase por eventos climáticos extremos, con África subsahariana entre las regiones más afectadas.

El aumento de las temperaturas también intensifica la escasez de agua y la inseguridad alimentaria en todo el continente, con un impacto particularmente grave en el norte de África y en países con economías frágiles.

Vivir al límite en la primera línea del cambio climático

Sudán del Sur se encuentra en la primera línea de una crisis global que no provocó, pero que sufre con mayor crudeza. Inundaciones, sequías, hambre, enfermedades y violencia conforman un escenario donde sobrevivir se vuelve una lucha diaria.

(Fuente enteratenoticias.com.ar)