A 50 años, recordamos que la dictadura no solo desplegó un plan sistemático de desaparición y terror, sino que también reforzó mandatos, persiguió a quienes los desafiaban y ejerció violencias específicas sobre los cuerpos de las mujeres y diversidades.
Muchas fueron víctimas de violencia sexual, utilizadas como forma de tortura. Muchas parieron en cautiverio. Muchas otras transformaron el dolor en lucha, organizándose para buscar a sus hijas, hijos y nietas/os.
Recordar es también visibilizar estas historias.
Porque sin perspectiva de género, la memoria queda incompleta.



